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    Uso de muletas y fisioterapia: Claves para una movilidad segura

    Guía de uso de muletas: Cómo utilizarlas correctamente para evitar lesiones

    La importancia de una técnica adecuada al usar muletas

    Cuando una lesión nos obliga a utilizar ayudas para la marcha, como las muletas, lo que inicialmente parece una solución sencilla puede convertirse en una fuente de nuevos problemas si no se utilizan correctamente. En 2026, la fisioterapia moderna enfatiza que el uso de muletas no es solo una cuestión de soporte, sino de coordinación neuromuscular y estabilidad del núcleo (core).

    El objetivo principal de las muletas es reducir la carga de peso sobre una o ambas extremidades inferiores, o proporcionar el equilibrio necesario cuando la fuerza muscular es insuficiente o la propiocepción está alterada. Sin embargo, un uso incorrecto puede derivar en complicaciones como la neuropraxia del nervio radial o lesiones en el plexo braquial, especialmente si se apoya el peso directamente sobre la axila.

    Tipos de muletas y su aplicación

    Existen diversos modelos diseñados para diferentes necesidades de movilidad. Las más habituales en entornos clínicos y domésticos son las muletas axilares. Estas se caracterizan por tener una almohadilla acolchada en la parte superior y un asidero o empuñadura ajustable a media altura. Su función es trasladar la carga desde el tronco hacia los brazos y los hombros, permitiendo una marcha más estable.

    Al elegir o ajustar tus muletas, es fundamental considerar que la mayoría de los pacientes presentan errores de postura que pueden ser corregidos con la orientación adecuada. No se trata solo de caminar, sino de gestionar el centro de gravedad de forma eficiente.

    Cómo ajustar correctamente tus muletas axilares

    Para evitar lesiones y asegurar que la ayuda sea efectiva, el ajuste debe ser preciso. Aquí te detallamos los pasos esenciales basados en estándares de fisioterapia actuales:

    • La posición de la almohadilla: La parte superior de la muleta (la almohadilla axilar) debe situarse aproximadamente 5 cm por debajo del vértice de la axila. Nunca debe haber contacto de presión directa con la cavidad axilar durante el apoyo.
    • La altura del agarre: Al sujetar la empuñadura, el codo debe mantener una ligera flexión (aproximadamente entre 15 y 20 grados). Si el brazo está completamente extendido o demasiado doblado, la transferencia de peso será ineficiente y dolorosa.
    • Medición de la longitud: Para una medición precisa, se recomienda realizarla con el paciente descalzo. Se mide desde el vértice de la axila hasta el margen inferior del maléolo medial (el hueso del tobillo). Si se miden con calzado, la referencia debe ser 5 cm por debajo de la axila hasta un punto situado 20 cm lateral al talón.

    El papel del core: Músculos abdominales y estabilidad

    Un error común es pensar que caminar con muletas es un ejercicio puramente de brazos. En realidad, la estabilidad del tronco es crucial para mantener el equilibrio y evitar caídas. Durante la marcha con muletas, los músculos abdominales juegan un papel protagonista en la estabilización del torso.

    El grupo abdominal se divide en cuatro áreas principales que trabajan en conjunto para mantener la postura erguida:

    • Transverso del abdomen: Actúa como una faja natural que estabiliza la columna.
    • Recto del abdomen: Responsable de los movimientos de flexión del tronco.
    • Oblicuos externos e internos: Fundamentales para la rotación y la estabilidad lateral durante el paso de la muleta.

    Cuando damos un paso adelante con las muletas, el cuerpo realiza un movimiento complejo que requiere la activación coordinada de estos músculos para evitar que el tronco se incline de forma compensatoria, lo que podría generar dolor lumbar.

    Evaluación profesional: ¿Realmente necesitas muletas?

    En la consulta de fisioterapia de 2026, la valoración del paciente es integral. No siempre la muleta es la solución definitiva. Antes de prescribir una ayuda para la marcha, evaluamos la biomecánica del paciente, su equilibrio y su fuerza muscular. En ocasiones, un ajuste en la técnica de marcha o la transición a otros tipos de ayudas (como andadores o bastones de apoyo para el antebrazo) puede ser más beneficioso para la recuperación a largo plazo.

    Javier Montes de Oca
    Revisado médicamente por Javier Montes de Oca Farmacéutico licenciado

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